Thursday, March 16, 2006

Flaca Kitsch


Tu imagen tiene un dejo a aromas de mostaza, un sabor a yogurt caducado y sin embargo se mueve con la agilidad de una pluma entre margaritas silvestres, como espuma por mi piel en la tina. Estas ahora en pie acá a mi lado con esa figura de muñeca china y cabellos largos, con tu timidez escondida en tus habilidades lingüísticas. Me miras con esas uvas huecas que tienes por pupilas, mientras tus palabras alaban vanamente el decorado en la cortina.

Mi lengua no acompaña a mis dedos en su pulsar de teclas, vuela furiosa en cómicos aleteos con su punta dibujando corazones, la miras con burla y con esa indiferencia que da tu aire pretencioso. Mis ojos se pierden en el blanco de la pantalla y de reojo van acomodando el pliegue de tu pantalón en tu muslo izquierdo.

Estoy cansado de escucharte, de tu forma de aparentar que sos radiante, que sos deliciosa, que sos, una bitch envuelta en seda, por eso mi lengua hace su propio camino, aprovecha tu bombardeo egocéntrico y ágilmente dibuja dos versos en tu oído, luego baja por tu cuello, toma aire en tu hombro afilado y en picada rompe el botón de tu blusa negra.

Yo escribo, mientras arrogante esperas la respuesta a tu pregunta técnica, escribo y acaricio con palabras tu ombligo de algodón tibio, succiono con rimas tus muslos de papel salado y mi lengua, independiente, arrogante y perversa repta por tu vagina de sudor miel.

Esa tu arrogancia, esa forma de lanzar migajas de reojo, la verdad no me importa, me tiene sin cuidado, prepara el camino para desgarrar impaciente cada gota de tu piel. Luego de que me muestres cada adorno persa de tu casa, cada tela hindú que te protege, te miraré con flojera, escuchando tu charla de enciclopedia asiática y prepare el porro que adormezca tu arrogancia y amordace tu aire fashion.

La escena ocurrirá más o menos así, tomarás algún rato un respiro, irás a la cocina a traer tu sacacorchos italiano, yo miraré la foto tuya en el mueble de tu sala y estudiare a trasluz, la forma uva de tus pezones rosa, el sabor de tu pubis lluvia, revisaré cada camino de tu piel y luego de un bostezo, esperaré tu caminar sereno al pasillo.

Tomaré el vino de tus manos, daré un trago largo, mi mano izquierda seducirá a tu ombligo, y bajará reptando a tu humedad blanca, mientras la derecha sujetará la yerba en tu boca mientras te fumas hasta la última semilla. En ese punto, no importará la hora, habrás descolgado el teléfono, apagado el celular de tu novio y desenchufado tu lámpara de Diosa Khali.

Veré entonces tus ojos rosa, tu mirada de uva reventada gritando delirante y sentiré como tus dientes de marfil en filo, beben el sabor de mi paladar de lija. Mi lengua volara inquieta, perforando cada vértebra tuya, reposando en el rosa ácido de tu vientre. A este punto tus gritos serán mudos, tus lágrimas pintarán la mugre de tu alfombra y mis manos serenas romperán tus muñecas de algodón. Luego mi pecho aplastará tu arrogancia, escuchando como tus costillas suplican en rítmicos acordes de clemencia y mi embestida firme rompe el eco de tu sangre.
Al final del acto, mirare de reojo tus pupilas revueltas, mientras mis manos buscan un cigarro en tu mesa de noche y mi lengua, camina por el techo persiguiendo una araña. Caeré cansado, luego de vomitar mi hiel en tu caverna y tu dormiras, con esa sonrisa boba de pueblerina desvirgada, soñando en algún viaje a Israel a mi lado, mientras tus ojos se van perdiendo en ese elefante palestino, tan kitsch, que adorna la esquina.

Me levantaré antes de las seis de un golpe, llevando pellejos secos de tu vientre en la huida, contaré hasta diez, empezarás a hablar nuevamente, lanzarás alguna frase melosa de reclamo, abriré la ducha, hablaras más fuerte, me miraré en el espejo, repetiré tu nombre, mearé en tu lavabo chino y de un portazo te sacaré de mi vida.