Thursday, December 15, 2005

El hombre sentado en el pasillo (Fragmento)


Él espera. Ella devuelve su rostro a la sombra con los ojos cerrados y a su vez espera. Entonces, a su vez, él lo hace. Lo hace primero encima de la boca. El chorro se estrella en los labios, en los dientes ofrendados, salpica los ojos, el cabellos y luego baja por el cuerpo, inunda los pechos, lento ya en el fluir. Cuando llega al sexo se renueva, se estrella en su calor, se mezcla a su leche, espuma, y luego se agota. Los ojos de la mujer se entreabren sin mirada y vuelven a cerrarse. Verdes.

Marguerite Duras (1914-1996)

Tuesday, December 13, 2005

CAFÉ-CONCIERTO (Oliverio Girondo)



Las notas del pistón describen trayectorias de cohete, vacilan en el aire, se apagan antes de darse contra el suelo.

Salen unos ojos pantanosos, con mal olor, unos dientes podridos por el dulzor de las romanzas, unas piernas que hacen humear el escenario.

La mirada del público tiene más densidad y más calorías que cualquier otra, es una mirada corrosiva que atraviesa las mallas y apergamina la piel de las artistas.

Hay un grupo de marineros encandilados ante el faro que un “maquereau” tiene en el dedo meñique, una reunión de prostitutas con un relente a puerto, un inglés que fabrica niebla con sus pupilas y su pipa.

La camarera me trae, en una bandeja lunar, sus senos semi-desnudos... unos senos que me llevaría para calentarme los pies cuando me acueste.

El telón, al cerrarse, simula un telón entreabierto.
Brest, agosto, 1920.

Monday, December 12, 2005

Juegos


Libelorgasmis, tiene el gusto de recibir en sus sabanas las palabras de una mujer de labios finos y mirada hipnótica. Violadora Insomne, se suma con esta breve y húmeda historia a nuestras colaboradoras femeninas, disfrutenla.

Pudo ver la pequeña prominencia de los senos asomarse a través del algodón blanco, cuando ella se agachaba a la voz de “ocho en la esquina”. No sabía ni su nombre, pero en el rostro se notaba que era una de esas muchachas dispuestas a todo con tal de que alguien les dijera que son hermosas. La verdad, no estaba nada mal: cabello largo y ondulado, ojos cafés que denotaban curiosidad por el mundo masculino, pechos pequeños, cola parada y la cintura… para babearse como San Bernardo.

Hola, no pude evitar notar que juegas bien al billar, dijo él con la mirada penetrante, propia de un Don Juan experimentado. Te reto. ¿Me retas?, dijo con sonrisa pícara, sabiendo que la noche podía deparar algo interesante. Pero debes saber que yo siempre juego apostando. No hay problema. Si te gano este juego, me dirás tu nombre. Así será más interesante y me esforzaré por ganarte, dijo guiñándole un ojo.

Él no ganó solamente un juego, ganó tres. En el primero supo que se llamaba Silvia, en el segundo logró la promesa de luego irse juntos, cuando ya no tuvieran más ganas de jugar billar, en el tercero logró que aceptará ir a su casa, a inventarse nuevos juegos.

Luego de unas cuantas copas y numerosas frases cliché, aplicadas en el juego de la conquista desde el principio de los tiempos bíblicos, llegaron al lujoso departamento del Don Juan.
No le dio tiempo ni para apreciar las obras de arte de las paredes, ni los juegos de mesa ordenados alfabéticamente en un estante. Le rasgó la polera nueva y el pantalón que le regalaron en su décimo sexto cumpleaños. No esperó a que ese espacio privado se lubricara para recibir a su visitante. La tomó, la poseyó la escupió, la mordió y se la comió para luego regurgitarla. Luego del juego, la dejó en una esquina con el cuerpo roto, con el deseo quebrado y el clítoris palpitante deseando más… But the game was over.

Violadora Insomne

Thursday, December 01, 2005

Desde la mesa cinco


Ojos de uva llorando miel, dulces y chispeantes, sonrisa blanca en delineada boca fina, un piercing de piedra gris encima del labio derecho. Flaca, media melena, hombros en punta, cadera que se intuye exacta y con el filo cierto.

Se acerca a la mesa intuyo algo así como diez y ocho, mira, ríe, con las manos escondidas en la espalda. Vuelve con dos cervezas y la misma sonrisa bamboleante.

Caricia suave a la mesa con el pulgar derecho y hay un encuentro de unos segundos entre la mesa y su mano larga de muñecas finas. Uñas pintadas de naranja y venas pronunciadas, le dan un aire de firmeza y poesía a esas manos.

No se si escribe, en que sueña, solo me quedo en la forma de llevar el cuerpo de vuelta a la barra y en su mirada al vacío esperando el pedido de la siguiente cerveza. Intuyo sólo la forma de tocar sus manos, la manera en que el algodón acaricia sus pequeños montes y vuelvo a la charla y la estrategia de conocer algo de sus días.

Soy nueva acá es mi primer día, no conozco el lugar ni las opciones del menú. Le digo que no importa, que pediré mariscos y cerveza. Vuelve y regala el hilo suave de voz que mece inquietudes y preparo la próxima forma de romper el hielo.

La quinta cerveza, mira con ojos de ¿quieres más?, dosifico el pedido, primero la cerveza, luego el vaso, luego un cigarro, luego el cenicero, es un baile entre mis palabras y su ir y venir de la barra a mis ojos. Entonces me lanzó con un “la verdad no se que más pedirte, pero me gusta verte caminar”…mira y solo lanza un "idiota" seco y no vuelve.

Sorbo a sorbo, bebo la última, cerveza, mientras el lugar se llena de gente y me es difícil buscar su mirada entre la multitud. Me levanto, pago y le dejo la dirección de está pagina en una servilleta, prometiéndole una historia a sus ojos, una acaricia larga a su espalda. No me mira, guarda la servilleta y se va en silencio al baño, salgo del lugar y espero un taxi. Aparece, con furia me lanza un golpe seco al pecho y luego se detiene, me mira, muerde y se pierde en mis brazos.

Dormí poco, despierto a las siete y la busco, trato de intuir la humedad de su piel, la canela fría besando mis piernas y no la encuentro. Me doy cuenta que está en la ducha, espero, tarda, no sale. No sé ni su nombre, me miro, me duele todo el cuerpo, tengo sangre seca en los labios, siento que sus uñas rasgaron mi espalda y sus labios rompieron mi camisa. Vuelve, me regala la vista de su espalda al vestirse en silencio, mientras miro a mi servilleta dormir arrugada en el piso, la tinta con que marque la dirección desapareció mojada por la cerveza.

No sé si debería llevar el cabello suelto, me gusta como la melena me acaricia la nuca y el cuello en un suave baile, quizás si me hago un moño me vean un poco mayor y cubra esta expresión confusa, tímida, aniñada. ¿Será que en este mi primer día tenga alguna propuesta? ¿Qué cara pongo si me hacen un cumplido? Siempre mordisqueo mi labio inferior pero no, es una señal de nerviosismo y de no poder con la situación, mejor sonrío muy suavemente, muy tierna, tengo un rostro tan inocente me embolsillo a los clientes y de paso las propinas.

Siento como sus ojos me hurgan la espalda, siento como su lengua firme y en punta como una frutilla caliente recorre la hendidura que termina en mi cintura. ¿Si señor, una cerveza mas? ¿Qué le consiga un pucho? si, trataré. No lo vi entrar, pues perdí el interés en la puerta tras varios intentos de dejarme convencer por mis ojos. Pobre viejo verde que no joda, pienso, luego lo miró de reojo, es relativamente joven después de todo, en los treinta, puede resultar un buen veneno para mi piel tibia.

Me aburro, el calor está pesado, siento mis jeans mordiéndome las piernas y las nalgas mientras me babea la piel. Siento los senos mojados, erectos, el solo roce de mi blusa con ellos me provoca ciertos temblores. No se si tiene que ver con el hecho de salir de mi casa y saber que estaré fuera hasta tan tarde, pues estoy laburando, y mis viejos no pueden decirme nada o es que la noche se me hace con infinitas posibilidades y en un pago de cuenta me pierdo en la humedad de otra piel. Quiero dejarme tentar, dejarme arrastrar incontenible en una marea de orgasmos, mezclar mis piernas, tomar las riendas y conducirlo por mi deseo entre el llano de un vientre y la ansiedad de mis ojos.

Requiero un poco de respiro, su ojos me granizan la espalda, no puedo disimular, con esta sonrisa de jardín de infantes, la fijación de mis ojos en su boca partida. Esa afabilidad al pedirme las cosas, me está poniendo nerviosa y me da bronca. Imagino que sus manos invisibles, apenas gire me apretarán el culo y su boca se cerrará maliciosa sobre mi pezón, pero no el muy gil me da una servilleta, con una dirección. Ni siquiera la de su casa, la de una pagina web.

Pienso que es un idiota, tengo los labios hinchados por culpa de mi jean, los pezones que quieren cerveza y besos y sólo tengo una servilleta. Sin decir nada, se marcha, dejando su leve rastro, lo sigo afiebrada, cansada de tanto jueguito y disimulo por última vez, para encender algo en él, plantándole dos sopapos, mostrándole mi ofensa y luego el taxi.

Mis piernas se abren sorprendidas, sus manos son medicinales, su dureza me redime y solo atino a morder y a joderlo con mis uñas, mientras puedo, mientras dura el baile en mis caderas, sus manos en mis pechos.

El agua tibia cae por mi vientre e imagino la serpiente de su ombligo besando mi espalda, de sus manos de ventosa exprimiendo mis pezones mientras trato de dormir. Veo la forma de su piel, la medicina de sus labios, volviendo a rescatarme, el agua pronto caerá fría, salgó, me visto, se que el pronto gritará algo idiota. Adiós, me voy, ¿mi nombre? .....no querrás saber mi edad.