Tuesday, November 15, 2005

Canela

¿Querés un trago?, ¿quién eres tú? que me das una patada en la pierna y lanzas la sonrisa más bella?. Tú me escoges de madrugada, sin saber quien carajo soy. Me miras luego de la quinta vuelta de zombie por los pasillos rojos del boliche, toreando magdalenas, acariciando musas de plástico y me lanzas un beso vedado entre el humo y la seda falsa

De golpe me encuentro contigo, canela al alba, Violetta del oriente, con un café y una empanada. Niña de sonrisa blanca jugando a seducirme, mostrando que tú eliges con quien espantar al sueño de madrugada. Me trajiste de vuelta, me diste dos besos largos, tu encanto francés con sabor a guapurú, tu risa simple y calida.

Protegiste mi bolsillo como tu cartera, mientras te ponías tu jean y tu ropa de día, yo despedia fantasmas de madrugada. Me escogiste para ahuyentar algún espectro, te embarcaste fugazmente de mi soledad y entre un desconfiado si pero no, te llevaste por el sueño y hoy tu piel respira los restos de mi sal.

Flaca de pechos aún verdes, tu cuerpo habla de una soltura inmensa a tus dieciocho, sin duda sabes de las artes, sin duda envuelves en tus redes. ¿Solamente querías hacer el amor sin un billete de por medio o todo esto tenía un precio?

Si pequeña me zambullí en la furia de tu vagina succionandome entero, en tu sangre mojando el colchón consciente del precio de mirarte con luz de día. De verdad me encantaste, flaca, suerte y cuidado con el "Mostro".

Wednesday, November 09, 2005

AZUCAR QUEMADA



Libelorgasmis agradece y recibe con agrado este cuento que roza la sensualidad como unos pétalos a la piel, una tenue caricia de intensos colores. Presentamos la versión original en Alemán que es la lengua madre de la autora, ahora les ofrecemos la traducción. Gracias Tjani.

Verbrannter Zucker
Seit nun mehr einer Stunde starrte sie in den Spiegel und endlich fand sie sich schön. Sie beobachtete ihre Augenfarben, wie sie wechselten, mit ihr spielten und wie sie manchmal, scheinbar willkürlich, einen Blick in ihre Seele erlaubten.
Desde hace más de una hora clavó sus ojos en el espejo y al final se encontró linda. Observaba como cambiaban los colores en sus ojos, como jugaban con ella y como, aparentemente arbitrarios, permitían una mirada en su alma.
Nur zwei lange Minuten hatten sie am Telefon gesprochen und ihr war klar, dass sie ihn sehen musste. „Heute noch!“ hatte auch er gesagt.
Solo dos largos minutos habían hablado por teléfono y para ella fue claro que debía verlo. “Hoy, de una vez”, ha dicho él también.

Der Weg zum Café war 318 Schritte lang und sie fühlte sich schön. Er war noch nicht da und so setzte sie sich an ihren Tisch, der einen Blick auf ihren Fluss erlaubte, der sie schon so oft gerettet hatte. Sie hatte sich vorgenommen, über den Dingen stehend in einer selbstverständlich seriösen Zeitschrift zu blättern. Vielleicht in einer Literaturzeitschrift... aber dann entschied sie sich gegen das Spiel der kühlen Schönen und genoss die Intensität der Erwartung, trank sie, wie sie ihren Wein trank und sah tief in das Schwarz ihres Flusses.

El camino al café eran 318 pasos y ella se encontró linda. El aún no estaba, entonces se sentó en su mesa que le permitía una mirada a su río que ya la había salvado tantas veces. Se propuso mostrarse, por encima de todas las cosas, hojeando una revista, por supuesto seria; quizás literaria. Después decidió, contra este juego de gélida belleza, disfrutar la intensidad de la esperanza. Bebiala como bebía su vino y miraba profundamente su río.
Sie erkannte ihn sofort an seinen Augen, die sie bereits am Telefon gesehen hatte und schon begannen sich in ihrem Schoß erste brennende Spinnweben zu entfalten. Es gelang ihnen nicht, viel zu sprechen; ihre Augen sprachen so laut, dass sie nicht denken konnten. Unter dem Tisch vereinigten sich beider Spinnweben zu einem Netz, dass sich brennend im Schutze des französischen Cafétisches ausbreitete.

Lo reconoció por los ojos que vio por el teléfono y empezaron a expandirse las primeras telarañas quemándose en su regazo.
Ellos no eran capaces de hablar, sus ojos gritaban tan fuerte que no podían pensar. Debajo de la mesa ambas telarañas se conjugaban en una sola red que llenaba e incendiaba todo el espacio, bajo la mesa café francesa.

Er zahlte den Wein und sie zog sich ihren Mantel noch im Sitzen an, in der Befürchtung und gleichzeitig zauberhaften Vorstellung ihr Kleid mit dem Saft ihres Schoßes benässt zu haben.
El pagó el vino y ella, vestida con un sobretodo, permanecía sentada en el temor, y al mismo tiempo en la encantadora imaginación que humedeció su vestido con el jugo de su regazo.
Nach wenigen Schritten berührten sich ihre Hände erneut und die seinen zogen sie in den Eingang des verfallenen Kinos, der auch nach Jahren noch erfüllt vom Duft verbrannten Zuckers war. Vor ihr knieend, begann er sie zu trinken und das gewölbte Foyer verflocht sich mit ihnen, ihrem Duft nach Liebe und verbranntem Zucker.
Después de pocos pasos, sus manos se tocaron nuevamente, el la jalaba a la entrada del cine desmoronado que todavía después de años conservaba el olor a azúcar quemada y llenaba todo..

Er ließ sie liegen auf dem welken Teppich, denn sie war noch nicht hier... gab sich den Netzen noch hin. Und er schrieb ihr mit einem Schmetterlingshauch auf den Rücken:

Ich weiss nichts Schöneres, als Dich geheiratet zu haben.
Postrándose frente a ella empezó a beberla, mientras el vestíbulo abovedado se entrelazaba con ellos, con su olor a amor y a azúcar quemada. El la dejó tendida en la alfombra marchita, ella aún no estaba ahí, permanecía entregada a la red, escribiendo con un aliento de mariposa en su espalda:
No conozco nada más lindo que haberme casado contigo
Tjani

Saturday, November 05, 2005

Andrea y Adriana


Su cabello negro, anudado en dos colas pequeñas, camiseta roja con el estampado de una japonesa de ojos grandes en el pecho, que te mira sin tu mirarla. Adriana sentada en la esquina, mira a Andrea e intuye la forma de su cuerpo en cada bocanada de humo. El juega con la mirada dibujada en su camiseta roja, trata de sostener la mirada con esa "chica manga" de ojos grandes que ahuyenta visitantes.
El la intuye viva con mirada de caracol, jugando entre sus lentes. Por detrás asoma Andrea, con celosa mirada verde de guardiana y se funden en la cebada luego del beso.
Sus colas negras amarradas en liga amarilla, me hacen señas, mientras Andrea, cinturón rojo ajusta caderas, mira quieta al vacío, mostrando la forma de sus muslos en el baile. Una huele a lavandina, la otra destila un fuerte aroma rancio en sus áxilas a medio rasurar. Andrea baila bien, encaja con arte la rodilla en su entrepierna, Adriana se come las uñas y mira embelezada a una mujer de dos metros en la mesa de en frente, mientras un extraño se asoma a la mesa y le habla de un México que finge conocer.

Dejan el lugar, con las venas adormiladas y los poros sedientos. Taxí blanco, él en medio de las dos, Andrea penetra su camisa, mientras él juega en sus caderas de firmeza de palta. Adriana, se recuesta en su regazo y finge dormir. El taxi enfila rumbo a su casa, él habla del vino en su nevera, ellas insisten en comprar cocaína para sostenerse en pie, la japonesa ya no mira, duerme entre los pechos de Adriana arrullada por la marihuana.

Se despiden, Andrea baja primero en silencio desliza su mano por su entrepierna y presiona con precisión quirúrgica sobre el jean, y su glande se inyecta de sangre roja. Lo mira y susurra un te veo pronto, dejando el aroma de sus áxilas para despertar.
Adriana se encoge en su caparazón, solo puede verse el humo de su cigarro, luego respira y responde no chingues sin coca no aguanto, dame una línea y sigo en pie. El ofrece un poco de humo verde que esconde en el bolsillo, lo rechaza, vuelve a jugar con sus lentes. Desciende rapido del taxi, se deja robar un beso y le deja un mordisco suave en los labios, dejando el humo de su Cámel para que juegue entre sus dientes.

El taxí se aleja, el se queda en la calle, jugando con los tonos azulados de la madrugada, camina unas cuadras con los labios humedos de Adriana y los ojos grandes del Japón vigilan su trayecto. El duerme sumergido en su baño de alcohol, Andrea se desnuda y juega con su piel, Adriana, llama a su novia en México.