Tuesday, September 27, 2005

52 años de Lolita


Lolita cumplió 52 años este 2005 y su imagen más fresca que nunca escribe aún en mis sabanas, historias prohíbidas que descubrí aún puber.

No se ustedes pero leí este libro a mis catorce. Fuí testigo de como pintaba mi cuerpo un ruso con sus palabras, y yo ahí toda niña de pechos pequeños y piel canela limpia, sentía como el rosa de mis labios, acariciaba mi pijama a flores con saltos y gritos húmedos.

Me sonrojaba mi curiosidad de mujer y me preguntaba a su vez, por que me intriga otra mujer. Hoy tengo treinta, sigo durmiendo en pijama y por cierto casí nunca sola y no me falta mi copia de Lolita en el velador, la peli...no me gustó.

Les comparto algo del libro
Besos

Violetta


Lolita (Fragmento)
Vladimir Nabokov (1899-1977)

Sábado
He dejado la puerta abierta durante varios días, mientras escribía en mi cuarto, pero sólo hoy ha caído en la trampa. Entre idas y venidas, pataditas y bromas adicionales (que ocultaban su turbación al visitarme sin haber sido llamada), Lo entró y después de rondar a mi alrededor se interesó por los laberintos de pesadilla que mi pluma trazaba sobre una hoja de papel.
Ah, no: no eran los resultados del inspirado descanso de un calígrafo, entre dos párrafos; eran los horrendos jeroglíficos (que ella no podía descifrar) de mi fatal deseo. Cuando Lo inclinó sus rizos castaños sobre el escritorio ante el cual estaba sentado, Humbert el Ronco la rodeó con su brazo, en una miserable imitación de fraternidad; y mientras examinaba, con cierta miopía, el papel que sostenía, mi inocente visitante fue sentándose lentamente sobre mi rodilla.
Su perfil adorable, sus labios entreabiertos, su pelo suave estaban a pocos centímetros de mi colmillo descubierto, y sentía la tibieza de sus piernas a través de la rudeza de sus ropas cotidianas. De pronto, supe que podía besarla. Supe que me dejaría hacerlo, y hasta que cerraría los ojos, como enseña Hollywood. Una vainilla doble con chocolate caliente... apenas algo más insólito que eso. No puedo explicar al actor –cuyas cejas, supongo habrán viajado ya hasta lo alto de su frente calva- cómo supe todo ello: quizá mi oído de mono había percibido inconscientemente algún leve cambio en el ritmo de su respiración –pues ahora Lo miraba de veras mi galimatías y esperaba con curiosidad y compostura (oh, mi límpida nínfula) que el atractivo huésped hiciera lo que rabiaba por hacer-. Una niña moderna, una ávida lectora de revistas cinematográficas, una experta en primeros planos soñadores, no encontrará muy raro –me dije- que un amigo mayor, apuesto, de intensa virilidad... demasiado tarde.
La casa toda vibró súbitamente con la voluble voz de Louise, que contaba a la señora Haze, recién llegada de la calle, cómo ella y Leslie Thomson habían encontrado algo muerto en el sótano, y Lolita no iba a perderse semejante cuento.
Señoras y señores del jurado, la mayoría de los delincuentes sexuales que anhelan un contacto palpitante, suavemente plañidero, pero no forzosamente copulativo, con una jovencita son extranjeros inocuos, inadaptados, pasivos, tímidos, sólo piden a la comunidad que se les permita observar su comportamiento inofensivo y soi-disant aberrante, sus ínfimas, cálidas, húmedas manías de privada desviación sexual, sin que la policía y la sociedad caigan sobre ellos. ¡No somos demonios sexuales! ¡No violamos como los buenos soldados! Somos caballeros tristes, suaves, con ojos de perro, lo suficientemente bien integrados como para controlar nuestra ansiedad en presencia de adultos, pero dispuestos a dar años y años de vida por una sola oportunidad de tocar a una nínfula.




Monday, September 26, 2005

Beber de ti....



Tu ombligo como una taza redonda
Que no le falta bebida.
Tu vientre como montón de trigo
Cercado de lirios.
Cantar de los cantares 7:2

Friday, September 23, 2005

Recuerdos de Emmanuelle


Como llegue a esto? chapoteando por la red dí con una entrevista a Silvia Kristel, tengo un recuerdo algo vago pero maravillosamente certero de los ojos y la boca de esta actriz; objeto del deseo en los 70 y parte del 80 según me enteré; es decir, cuando ella estaba en el apogeo de su filmografia yo era un infante que no pasaba los 8 años, finales de los 70', ya despues y contando con 12 a 13 años ví su foto, que aun me seduce, Silvia era sensualidad, provocación, sexo, mito, deseo, muchas cosas. Ya en los 90' siendo mayor de edad hubo un ciclo de cine erótico en la ahora extinta cinemateca y pude calmar los calores de mi adolescencia que me provocaba el cartel de Emmanuelle 2,4,6, alguno de ellos, expuesto en las paredes del cine Bolivar, extinto tambien, y al que porsupuesto, no podía accesar. Pero antes de ver a Silvia Kristel interpretar a Emmanuelle Arsan, dí con muy buen agrado con el libro de esta tailandesa encubierta bajo el nombre de "Emmanuelle Arsan, la antivirgen" cuando yo merodeaba los 15 y mis hormonas rebotaban como en un juego de pinball, enloquecidas de aquí para allá. Otros dicen que era un diplomatico francés, pero no es menester ahora saber quien era realmente Emmanuele Arsan, eso lo dejamos para otra ocasión. Debo confesar que el libro me acompaño mucho tiempo a escondidas de mi viejo quien era el propietario de tal joya en ese momento y me guió hacia niveles insospechados de perfeccionamiento en la autosatisfacción. Aqui les pongo un fragmento del libro "la Misión" de la antivirgen Arsan.

"Alzó los ojos inundados de lágrimas y vio, a través de la bruma acuosa, que su amiga se había sentado en su lugar, al lado del príncipe, y la miraba ávidamente, la boca entreabierta, las mejillas arreboladas... Lia se apartó un poco. Cubriendo la verga con una mano, se llevó la otra al hueco de su sexo. Delicadamente se rozó los labios, abriéndolos para descubrir el refugio del clítoris. Metió su dedo medio enteramente dentro, entre los dos labios hinchados, y lo movió ligeramente, con ritmo de péndulo, regular. Luego alzó de nuevo los ojos hacia el miembro y tiró firmemente del prepucio, mordiéndose los labios para no gritar. El movimiento de su dedo se hizo más rápido y angustiado. Pero consiguió refrenarlo y concentrar todo su deseo en su boca. Lamió primero lentamente el sexo tumescente, primero arriba, descendiendo luego cada vez más, hasta el punto donde sus dedos se crispaban sobre el miembro. Por encima de su cabeza, Lia oyó un gemido apenas reprimido. La cabeza de Titienne, abandonada, rodó entre sus largos cabellos sobre la pierna del príncipe, mientras sus ojos languidecían. -¡No goces! -gritó Lia-. ¡Espérame! Levantando la cabeza, vio a su alrededor una serie de caras atentas. Todos la miraban. Todos contemplaban la escena que ella animaba. Estaba exaltada. ¡Todos la verían en plena tarea! ¡La verían gozar! Se arrojó sobre el miembro, la boca abierta, lo engulló, lo encerró entre sus dientes y lo empujó hacia la garganta, bajan- do la lengua para que penetrara más profundamente. Lo mantuvo así unos instantes y luego comenzó un movimiento de vaivén con la cabeza, controlando con los dedos el canal de esperma a fin de retardar todo lo posible el espasmo final. Ahora Lia se masturbaba sin pudor alguno. Se había arqueado para permitir a los espectadores que siguieran mejor el movimiento continuo de su dedo, mientras seguía trabajando rítmicamente el miembro entre los labios. No podía ver el rostro del príncipe, pero se lo imaginaba, tenso sin duda por el esfuerzo de resistencia, como durante su lucha con Gioia. Lia deslizó su mano entre los testículos del hombre y le arañó ligeramente la piel. El príncipe, a su pesar, tuvo un gesto de abandono que hundió hasta la garganta de Lia la punta de su miembro. Lia se retiró casi totalmente, luego se ofreció de nuevo, raspando la red tensa de los músculos cerca del esfínter: un rugido le anunció su victoria. Como surgiendo de una poza abisal, irresistible, tumultuoso, el esperma afloró a grandes oleadas por el canal que lo tenía cautivo y ella lo sintió bajo sus dedos crispados, y después todo se nubló ante sus ojos. El chorro que le llenó la boca era acre y cálido. En el mismo instante, todas sus facultades se oscurecieron bajo el orgasmo fulgurante mientras sus dedos continuaban danzado frenéticamente dentro de ella. -Yo gozo... La voz de Titienne no era más que un murmullo quejumbroso. Pero Lia no podía contestarle. Continuaba chupando febrilmente la verga principesca mientras sentía ascender un segundo orgasmo, más sutil y más agudo que el primero. entonces abandonó a su presa y se desvaneció a los pies del príncipe mientras por su mejilla bañada de lágrimas goteaba la última gota de esperma. "

Espantapájaros (Oliverio Girondo)


No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! - y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡ pierden el tiempo las que pretenden seducirme! Está fue - y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Que me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Que me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronostico reservado? ¡ María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡ María Luisa! ¡María Luisa!...y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrisaje forzoso de un espasmo.
¡ Que delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando. "

Tu beso rosa aún en la piel


Ahí te me escondes capullo de miel
Tímida en duda de madera oscura
Sostienes y equilibras tus caderas puras

Caigo en tu monte de lugares duros
Llevando en mis pasos tus aromas tersos,
tus respiros quedos, tus silencios mudos

Parpados que esconden pupilas serenas
Peregrina en manto entre manos rotas
Bebe de mis yemas con asfalto rojo
Encadena falanges, ojos, madrugadas
Guardas las compuertas en el alma seca
Mi lengua no toca, tus dientes no hablan
Guardas el beso, carmín adormecido
Labios intactos de batallas mudas

Lluvia que acaricia despojos de espera
El té, la cerveza, la mirada, el cuerpo
Se evapora el tacto, se disuelve el rapto

Tal vez olvidando mi peine en tu bolso,
Tal vez inconsciente mi sangre en tu vientre

Por ahora muertas mis letras de espuma
Tu mano en mi duda, mis temblores rojos
Mi herramienta blanca
Tu gracias, dormido
Mi sentido el tuyo,
El mío vacío.

PTA 2005

Thursday, September 22, 2005

HISTORIAS HÚMEDAS


Se fueron mis ojos a la hendidura prolongada de su espalda, el jean desteñido envolvia su piel de melon y una redondez que se me antojaba masticable y comestible. Tras los lentes gruesos, su nariz respingada olfateaba mi sexo sin yo saberlo. Me escrutaba la piel, como una cepa madura tras la cosecha bajo sus plantas ansiosas por correr. Hay que ser claros, todos deseaban comerse esa piel que pedía a gritos ser liberada de los ajustados pantalones. Yo me reservaba el derecho de no entrar a la carrera de lenguas mojadas, por una animadversidad contra su actitud de virgen de pueblo; debo reconocerlo, ella me puso el perfume y yo decidi olerla aunque como dije antes, no me interesaba.
Viernes, de esos que te dan sed, entre una conspiración de Eros y Dionisio, mas Dionisio que Eros; recorrimos la misma ruta, la noche, pubs, boliches, chelas, fragancias, coqueteo, aullidos pelvicos y su boca, como un tajo sangrante y obsesivo.
Me lamió con los ojos toda la noche, su labios no se cansaron de provocarme, sus manos me rozaban despacio y sin prisa con cualquier excusa. Por alguna razón de esas que se extravían y nunca encuentras la forma de comprenderlas, asi se extravió el deseo y congelo mi piel. Entré en un tunel oscuro y aunque me llamaba y su lengua me sujetaba las manos, simplemente me fui, dejandola tibia y con una pregunta colgando entre sus senos.
Le había dicho que no me provocara, que luego muerdo muy fuerte y no suelto; entornó los ojos y mordisqueando el labio inferior me invitó a visitar su carne y hendir mis dientes con fuerza.
Sábado, de esos en que también te da sed, mas dionisiaco aún, entré en la ruta o mas bien jamás la abandoné. Licor en diferentes texturas y cantidades haciendo sus sabanas de mi cuerpo, irrumpiendo sin permiso, saltimbanqui frenético chupando mis huesos, malabares en mi cabeza empujandome al sudor que mana de las exclusas de su piel. La llamé, no se lo pedí, ordené que se hiciera presente, le hice notar que era la oportunidad de visitar mis pilares y adentrarse en mi templo. Claro que vino, muy rápido, con el tajo en su cara cargado de seducción, dibujando el contorno del tajo palpitante de su entrepierna. No hubo tiempo de cortesías ni de danza preliminar. tomé su mano la alejé de mis amigos introduciendola en otra habitación, la amenace con morderle la boca y que era su oportunidad de alejar sus muslos de allí y muy traviesa me grito que no creía que yo mordiera tan fuerte. Busque sus labios y devoré su lengua como a una frutilla roja y carnosa, mis manos tentaculos rápidos la escudriñaron completa adhiriendose a cada forma suya, midiendo cada forma redondeada con frenesí.
Ella se abandonó a mis caricias aunque no pasiva, su lengua se paseaba por mi cara, cuello, pecho. En un incesante goteo compulsivo, sus palabras, eran largas, acentuadas y se arrastraban en mis orejas mojando mi sexo; ella busco sola el camino hacia mi pene, duro, erecto, buscando calmar su sed con las lagrimas que me extrajera, el tajo de su cara se engullo mis huevos y sentí quedamente sus dientes mosdisqueando y succionando mis pelotas inflamadas a reventar; dialogó largamente con mi glande henchido.
Me miraba por encima de sus lentes como una gata ronroneando alrededor de mi falo caliente como una plancha. El espacio era reducido, entre cajas y demas articulos pues la habitación era un depósito; ante la incomodidad, la cópula inminente nos soprendió de pie, con las piernas temblando y su espalda en mi pecho busque el camino hacia su vagina abriendo sus nalgas con mis manos, la encontré y mis dedos separaron sus labios carnosos y humedecidos, la penetré sin miramientos como una espada de torero se hunde en la jiba del animal. Mi pene no era humano era un arma, un sable dispuesto a cortar su piel, metal caliente irrumpiendo en la mantequilla de su carne, ella cubrio su boca ahogando un grito. El resto de personas escuchaban nuestros jadeos atravezados pero nada nos detenía.
Decidimos huir a otro lugar, en el cual dejar que nuestros cuerpos griten si miramientos y nos fuimos a un motel. Con prisa, allí batallamos palmo a palmo cada centimetro de su piel con cada centimetro mio, mi boca mordió sus pezones y mi lengua bailó sobre sus aureolas. Ella trago mi pene y sentí su profunda garganta muda; la penetré de muchas formas, la tome por atrás, por abajo, por encima. Vi su vagina en todas las posiciones y como mi miembro se adentraba y mi vello rozaba sus labios y su culo al fin liberado de la odiosa mesclilla se entregaba sin regateos, suplicando el viejo in-out in-out mientras el sonido lubricado nos salpicaba de jugos calientes y mezclados.
Nos tomamos largamente, hasta quedar extenuados, sudorosos despues de inundarle la vagina en dos ocasiones; el tiempo no daba para más, ella debía corresponder a un turno de trabajo, me beso largamente, se calzó los lentes y cubrió su cuerpo brillante de agua con sus ropas. A mi se me pasó la borrachera, asi que fuí por más.

Los ojos azules pelo negro (Fragmento)


Ella había oído hablar de aquellos tráficos cuando era joven. Las chicas de la clase hablaban de las moles de piedra y de las personas que iban allí por la noche. Algunas chicas habían ido para que los hombres las tocaran. Muchas no se atrevían, por temor. Las que habían ido, una vez de regreso, no podían ser como las que lo ignoraban. Ella había ido también un noche, tenía trece años. Allí nadie se hablaba, las cosas se hacían en silencio. Junto a las moles de piedra había cabinas. Estaban pegados a las paredes de las cabinas el uno frente al otro. Había sido muy lento, él había penetrado primero con los dedos, luego con la verga. En el deseo, él hablaba de Dios. Ella había forcejeado. Él la había sujetado entre sus brazos. Le decía que no tuviera miedo. Al día siguiente ella había sentido la tentación de hablar a su madre de su visita a aquellas personas del paso. Pero durante la cena le pareció que ella no tenía que saber nada ya respecto a su hija. La hija no ignoraba hasta aquel momento que su madre conocía la existencia de ese lugar. Hablaba de él, en efecto, una vez dijo que había que evitar ir por aquel lado de la playa llegada la noche. Lo que no sabía la hija antes de aquella noche era si aquella mujer, había, también ella, cruzado el ecuador de la otra vertiente. Fue por la mirada de la madre a la hija, aquella noche, por aquel silencio entre ellas, por aquella risa oculta, que atravesaba la mirada de connivencia inmensurable, por lo que lo supo. Eran las mismas respecto al punto de los que sucedía en aquel lugar de la noche.
Marguerite Duras (1914-1996)

Wednesday, September 21, 2005

Nos desnudamos tanto


Nos desnudamos tanto
hasta perder el sexo
debajo de la cama
nos desnudamos tanto
que las moscas
juraban que habíamos muerto.
te desnude por dentro
te desquicie tan hondo
que se extravío mi orgasmo
nos desnudamos tanto
que olíamos a quemado
que cien veces la lava
vino para escondernos
me hiciste tanto daño
Con tu boca, tus dedos.
Me hacías saltar tan alto
que yo era tu estandarte
aunque no hubiera viento
me desnudaste tanto
que pronuncie mi nombre
y me dolió la lengua.
los años me dolieron,
nos desnudamos tanto
que los dioses temblaron
que cien veces mandaron
la lava para escondernos,
Té desmenti de cabo a rabo
devolviendote a tus primeros actos
te escudriñe profundo
hasta escuchar la historia
amarga de tu cuerpo
pues solo el amor
sabe como llegar tan hondo
sin molestar la sangre,
en la noche la lava
mudo, el paisaje en piedra
Tu y Yo fuimos lo único
que se murió de veras

El Marqués de Sade (1740-1814)


Justine (fragmento)

" Este, llamado padre Severino, era un hombre alto y de una belleza áspera, cuyos rasgos juveniles y físico robusto desmentia su edad verdadera, cincuenta y cinco años. El acento musical que adornaba sus palabras sugería su origen italiano, y la gracia de sus movimientos tenía ese estilo que se suele achacar a esa raza de libertinos.
(...)El pasillo carecía de luz, y el padre Severino, apoyándose en una pared para orientarse, empujó a Justina por delante. Pasandole un brazo por la cintura, deslizó la otra mano por entre sus piernas y exploró las partes púdicas hasta que localizó el altar de Venus. Allí aferró su mano hasta que llegaron a la escalera que conducía a una habitación que estaba dos pisos más abajo de la iglesia. El cuarto estaba espléndidamente iluminado, y amueblado con gran lujo. Pero Justina apenas observó lo que la rodeaba pues sentados alrededor de una mesa en el centro de la sala se encontraban otros tres frailes y cuatro muchachas...¡los siete totalmente desnudos! -Caballeros -anunció el padre Severino-, nuestra compañía se verá honrada esta noche por la presencia de una muchacha que lleva a la vez en el hombro la marca de la prostituta y en el corazón la candidez de un infante, y que encierra todo su ser en un templo cuya magnificencia es un deleite contemplar. -Y pasando por detrás de ella, encerró sus senos entre las manos-.
(...)Entonces, una vez pasado aquel instante de brutalidad, volvió a sitiar la ciudadela, apretando, ensanchando y empujando a la fuerza una y otra vez hasta que, finalmente, el baluarte cayó. Un horrendo grito de agonía llenó la sala cuando el monstruo invasor desgarró los intestinos de la joven. Palpitante y agitado, el escurridizo reptil lanzó hacia adelante su veneno y después, privado de su rigidez, se rindió a los frenéticos esfuerzos de la joven para expulsarlo. El padre Severino lívido de furor al verse imposibilitado para mantener el asedio, cayó al suelo inconsolable.
(...)Levantándola por el aire con un solo brazo, el gigantesco sacerdote la tendió sobre sus rodillas; entonces, agitando airosamente un látigo, le cruzó tres veces las nalgas. Justina se retorció bajo el ardor de los golpes, pero sus penas sólo habían comenzado, pues el padre Clemente sólo estaba haciendo una prueba. Entonces, satisfecho con su postura y con la forma en que tenía asido el látigo, el odioso fraile alzó el arma de largas lenguas muy por encima de su cabeza y la dejó caer con fuerza sobre la joven. Los bordes cortantes del cuero rebenaron sin piedad toda su carne, dejando brillantes líneas de sangre a su paso; el dolor era tan fuerte que el grito de la pobre niña se ahogó en su garganta. Excitado por la visión de sangre, el bárbaro padre Clemente la azotó entonces con furia vesánica. Ninguna parte de su cuerpo quedó a salvo de su bestialidad. Brillantes, rojos arroyuelos le corrian por la espalda, desde los hombros hasta las nalgas, y rodeaban sus muslos como finas culebrillas de color carmesí. Más excitado aún por este espectáculo, el vicioso sacerdote la forzó a colocarse boca arriba, y pegó su odiosa boca a la de ella, como si tratara de arrebatarle de los pulmones los gritos que su látigo no había podido arrancarle. Alternativamente le chupaba la boca y le golpeaba el abdomen, y cuanto más se agitaba y se debatía Justina en su angustia, más satisfecho parecía él. A veces le mordía los labios, otras le pellizcaba las nalgas, después le golpeaba el pecho con la barbilla, seguidamente le rasguñaba el vientre, pero su furia no parecía aplacarse con nada. Estando los labios de Justina entumecidos ya por tanto mordisco, y su abdomen encarnado por los golpes y arañazos, el diabólico Clemente concentró sus ataques contra los pechos. Amasaba con los dedos los globos de maravillosa suavidad, los apretaba con las palmas de sus manos, los estrujaba el uno contra el otro y después tiraba de ellos para apartarlos; pellizcaba los pezones, metía la cara en el surco que los separaba y mordía su circunferencia. Finalmente, en un alarde de ferocidad, metió uno dentro de su boca y lo mordió con toda fuerza. Nuevamente llenaron el aire los alaridos de Justina y, mientras el padre Clemente levantaba el rostro, lleno de gozo, dos chorros de sangre le corrían por las comisuras hasta la barbilla. " Las 120 jornadas de Sodoma (fragmento) " Nada más simple que amar el envilecimiento y encontrar goces en el desprecio. El que ama con ardor las cosas que deshonran descubre placer en serlo y debe empalmar cuando se le dice lo que es. La bajeza es un goce muy familiar a ciertos espíritus; uno gusta de escuchar lo que se complace en merecer, y es imposible saber hasta dónde puede llegar en esto el hombre que ya no se sonroja de nada. Es lo mismo que la historia de determinados enfermos que se complacen de su cacoquimia. -Todo esto depende del cinismo-, dijo Curval sobando las nalgas de Fanchon: -¿quién no sabe que el mismo castigo produce entusiasmos? ¿Y no hemos visto ponérsela tiesa a alguien en el momento en el que se le deshonraba públicamente? Todo el mundo conoce la historia del marqués de-, el cual, en cuanto se le comunicó la sentencia que le condenaba a ser quemado en efigie, sacó la polla de los calzones y exclamó: "¡Me cago en Dios!, he llegado al punto que quería, ya estoy cubierto de oprobio y de infamia: ¡dejadme, dejadme, tengo que correrme!". Y lo hizo en aquel mismo instante. "

Su monte en mis besos


Laura, la ninfómana, esgrimiendo su vagina, con los dulces labios de pétalo de rosa dentados con garras de rodamiento de bolas y culo como una articulación de rótula. Centímetro a centímetro, milímetro a milímetro empujan por la pista el cadáver copulador. Y después, ¿zas!. Como si desconectaran un conmutador, cesa la música de repente y con la interrupción los bailarines se separan, con los brazos y las piernas intactos. como hojas de té que bajan al fondo de la taza

¡Basta de espiar por el ojo de la cerradura!. ¡Basta de masturbarse en la oscuridad!. ¡Basta de confesiones públicas!. ¡Qué salten las puertas de sus quicios!. Quiero un mundo en el que la vagina esté representado por un rudo y honesto tajo, un mundo que sienta porr los huesos y los contornos, los crudos colores primarios; un mundo que sienta miedo y respeto por sus orígenes animales.

Estoy hartos de ver vaginas coquetas, disfrazadas, deformadas, idealizadas. Vaginas con las puntas de los nervios al aire. No quiero ver a las muchachas vírgenes masturbándose. En el secreto de sus habitaciones, o comiéndose las uñas, o arrancándose el pelo o echadas durante todo un capítulo en una cama llena de migas de pan

Quiero los palos funerarios de Madagascar, con un animal encima de otro y en la cúspide Adán y Eva con un rudo y honesto tajo entre las piernas. Quiero hermafroditas que sean verdaderos hermafroditas, y no falsarios que caminan con penes atrofiados y vaginas secas. Quiero una pureza clásica, donde la porquería sea porquería y los ángeles sean ángeles.

Este no es un libro -escribe desafiante Miller apenas en las primeras páginas-. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del Arte, una patada en el culo a Dios, al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza... a lo que os parezca. Cantaré para vosotros, desentonaré un poco tal vez, pero cantaré. Cantaré mientras la palmáis, bailaré sobre vuestro inmundo cadáver.

HENRY MILLER………FRAGMENTOS DEL TROPICO DE CANCER

Sabanas Blancas



" Ven a mi pecho, alma sorda y cruel,
Tigre adorado, monstruo de aire indolente;
Quiero enterrar mis temblorosos dedos
En la espesura de tu abundosa crin;
Sepultar mi cabeza dolorida
En tu falda colmada de perfume
Y respirar, como una ajada flor,
El relente de mi amor extinguido.
¡Quiero dormir! ¡Dormir más que vivir!
En un sueño, como la muerte, dulce,
Estamparé mis besos sin descanso
Por tu cuerpo pulido como el cobre.
Para ahogar mis sollozos apagados,
Sólo preciso tu profundo lecho;
El poderoso olvido habita entre tus labios
Y fluye de tus besos el Leteo.
Mi destino, desde ahora mi delicia,
Como un predestinado seguiré;
Condenado inocente, mártir dócil
Cuyo fervor se acrece en el suplicio.
Para ahogar mi rencor, apuraré
El nepentes y la cicuta amada,
Del pezón delicioso que corona este seno
El cual nunca contuvo un corazón. "
Charles Baudelaire (1821-1867)